Un campeón hecho...EN LA VIEJA ESCUELA
En el marco de la fecha apertura del campeonato 2008 de las categorías TZ, a la vera de dos altos y frescos fresnos del circuito de La Paz, surgió una amable y cordial charla con Luís “Chito” Schneider.
La que transitó por los más recónditos caminos de la memoria del campeón 1994 del 600 TS, hasta instalarse en sus primeras vivencias con el automovilismo, por intermedio del Karting Sancarlino. Para luego avanzar en el tiempo y rescatar las anécdotas de su paso por el Fiat 600 TS. Pero lejos de limitarse a los autos de carrera y las carreras de autos, Schneider dejó frente al grabador de Hombres & Máquinas interesantes reflexiones basadas en sus vivencias personales, que lo marcaron a fuego en este derrotero. Un particular campeón, forjado en la vieja escuela de ser hacedor, constructor y conductor de su propio medio mecánico. Usted podrá encontrar las mismas en las siguientes líneas de H&M 144, también haciendo una pormenorizada descripción de la famosa e imborrable picada del Fiat 600 TS contra una bocha.
LUÍS SCHNEIDER: -Empecé a correr en el CAM antes que en los autos. Aunque en realidad iba a participar más que a correr, porque casi siempre volvía todo golpeado y quebrado. En ese momento, a principios de la década del `80, mi madre me insistió para que dejara la actividad.
Entonces vendí la moto, pero seguía teniendo ganas de competir y para ello me compré un Karting Sancarlino.
HOMBRES & MÁQUINAS: -Esos eran autos muy chicos y vos sos de una contextura física importante, presumo que era un vehículo muy incómodo para tu metro noventa de estatura…
LS: -Sufría un montón arriba de ese auto porque iba todo encogido, además los pies me tocaban en la trompa y debía usar zapatillas número 42 en vez de 44, pero soportaba todo eso porque lo único que quería era correr. Participé durante dos temporadas en la especialidad y perdí el campeonato de 1984 por un punto con Alberto Albrecht. Después de ello dejé la categoría porque andaba con ganas y calentura por incorporarme al Fiat 600 TS, ya que habitualmente frecuentaba el taller de Hugo Perren en San Carlos Centro. Lo que motivó que trabajara con Hugo fuera de hora para aprender a preparar motores, puesto que por esos días él atendía los impulsores de Raúl Tschopp, Víctor Barazutti y Abelardo Zenkluzen entre otros.
H&M: -¿Cómo hiciste para participar, puesto que no abundaban los recursos económicos?
LS: -No tenía un mango en el bolsillo y las quería hacer a todas, desde salir de noche hasta correr en autos. Entonces lo hablé a mi viejo para que me ayude y él me dijo que le diera para adelante, pero que no le pidiera un peso para el auto de carrera. Como el dinero no abundaba me las rebusqué con lo que tenía. Además de trabajar con Hugo (Perren) por las noches con los motores, me integré al taller mecánico de mi padre en San Carlos Sud. Conseguí un casco de Fiat 600 en una chacarita y le hice la estructura y la chapa, sin que hasta ese momento supiera algo de chapa y soldadura. Luego de tres meses de trabajo pude terminar la carrocería, pero cuando quise poner la puerta del acompañante ésta no entraba; no había emplantillado el auto y me quedó torcido. Debuté en la carrera que se realizó en 1986 en el circuito de tierra de Gessler, en tanto que en la segunda competencia llevada a cabo en el callejero de Santa Fe junto al Club Argentino de Pilotos llegué a estar en la tercera posición hasta que se me rompió la caja de velocidades.
H&M: -Habida cuenta de la pésima distribución de pesos y la escasa distancia entre ejes del Fiat 600, ¿cuál fue la primera sensación conductiva que te entregó?
LS: -Creo que conté con una ventaja previa, puesto que Hugo Perren ya era una persona mayor y no tenia un banco de ensayos, entonces yo era el encargado de probar los autos que él motorizaba. Salíamos por las noches a la autopista para ablandar los motores, con Hugo sentado a mi lado con un reflector y una batería alumbrando el camino.
H&M: -¿Los pilotos de Perren sabían de tu rol de probador o se están enterando al leer H&M?
LS:-Por ahí sabían o no, pero no tenían ningún problema con ello. Normalmente tiraba los autos de Jozami y Ubertoni, no así el de Barazutti puesto que le encantaba hacerlo él mismo.
H&M: -¿Cómo llegaste a armar tu primer motor?
LS: -Gracias al campeonato que peleó Víctor Barazutti, puesto que cambiaba pistones y bielas con mucha frecuencia y los elementos que él descartaba me los daba Perren para armar mi primer motor. Todo lo que sobraba iba a parar a mi auto, que estaba en el taller de mi viejo. Inclusive cuando mi mujer, que por esos días era mi novia, me venía a visitar la ponía a pulir las tapas de cilindros. Entonces preguntaba mucho, también veía lo que hacia Hugo y le copiaba un poco, bah... en realidad todo (Risas).
H&M: -Esta actividad es siempre difícil, pero te tocó una época del 600 TS particularmente complicada, con más de treinta autos por carrera y nombres pesados en cada grilla de partida.
LS: -Cuando comencé en esto tenia la idea de que todo consistía en acelerar, no pensaba arriba del auto. Contaba con un gran motor, pero era arrebatado y perdía muchas carreras.
Después tuve que dejar la actividad por 2 ó 3 años, puesto que me había casado y el trabajo no abundaba en San Carlos. Fue así que me llegó una propuesta de Danilo Werlen para que atendiera los autos que vendía en su concesionaria de San Vicente. Hacia allá fuimos con una mano atrás y otra adelante. Para colmo de males al poco tiempo Werlen se funde y se va del pueblo, pero con mi señora decidimos quedarnos a lucharla.
H&M: -Los que estamos en el ambiente de las carreras de autos asociamos siempre tu imagen a la de San Vicente en vez de San Carlos Sud. ¿Te costó mucho que te hicieran como uno más del pueblo, a pesar de no ser oriundo del mismo?
LS: -Al principio me costó un poco, porque en San Vicente no había automovilismo; para colmo es un pueblo de piamonteses. Recuerdo que los lunes posteriores a cada carrera que ganaba venía gente al taller y me preguntaban: ¿Cuánta plata ganaste por quedarte con la carrera? Por esos días, gracias a que Aldo (Colcerniani) manejaba la categoría, el premio consistía en un buen trofeo, una corona de laureles y una botella de champagne. Luego que Aldo se fue, no tuvimos siquiera una botella de sidra para festejar.
H&M: -En ese tiempo el 600 TS llegó a tener televisación en directo y a correr en la República Oriental del Uruguay…
LS: -Mis hijos no me quieren creer cuando les cuento que Aldo nos pagaba hasta los viáticos por participación. Tenías una ayudita económica que hoy no existe, donde por estos tiempos hay que pagar, pagar y pagar en vez de ganar.
H&M: -Cuando volviste se te empezó a dar vuelta la taba y lograste todo lo que anteriormente se te había negado ¿Cómo regresaste a correr en el 600 TS con continuidad?
LS: -Por la gestión y la ayuda de Sigifredo Iglesias, que me consiguió el apoyo del Transporte Pedrito, de Jocada y de Roque Barra y Mario Silvestroni. Con su aporte pude hacer un auto desde cero y poner todo lo necesario para pelear la punta. Mi principal inconveniente radicó siempre en que no me supe vender publicitariamente, sólo ser trabajar y trabajar.
De hecho tuve un par de momentos con apremios económicos, a tal punto que el auto con que salí campeón lo tuve que vender para pasar un mal trance.
Pero me quería quedar con algo del mismo, así que de dicha transacción aparté 2000 pesos y compré el casco con que Agustín está corriendo en la primera fecha de La Paz. Lo fui haciendo de a poco durante cinco años y en cierta forma representa para mí la continuidad del auto con que logré el campeonato.
También conté con la amistad de Aldo y Betty (Colcerniani), que me quería mucho. En realidad creo que me sigue mirando y queriendo desde el cielo... (N de R: La charla se interrumpe por un instante porque la emoción de Luís le gana la pulseada a la palabra)
H&M: -Pero antes de lograr un campeonato estuviste cerca en varias oportunidades…
LS: -Pude pelear carreras y estar cerca de la punta al terminar tercero en el certamen de 1992, pero esto motivó que Hugo (Perren) me pusiera el apodo de “Bocha corta”, porque arrima pero no gana. Perseguía mucho el objetivo de la victoria y por eso no pensaba, no tenía una estrategia de carrera. Además, al ser el responsable de todo el auto no tenía a quién echarle la culpa cuando no andaba...
Cuando conseguí ganar por vez primera (San Francisco, 1993) me pude sacar un peso grande de encima. Al año siguiente perdí el título por un punto, así que en 1994 fui a participar con la política de ganar o romper y logré imponerme en siete de las doce competencias.
H&M: -Al principio de la charla hablaste sobre la relación con tu padre, ¿con el tiempo lograste que se interese por la actividad o seguía al margen?
LS: -Cuando se quiso sumar yo estaba en el estrellato, no le daba pelota. Había aprendido a construir el auto y el motor, entonces lo que me decía él era motivo de discusión permanente. Pero igualmente asistía a las carreras desde afuera, no opinaba ni se inmiscuía.
Cuando se negó a darme la posibilidad de correr me dolió mucho, pero luego noté que me sirvió de mucho su negativa inicial. Porque en pos de perseguir el sueño que tenía de correr aprendí de mecánica, estructura y otros conocimientos, que hoy son el sustento económico para mi esposa e hijos.
H&M: -Al ver a tus hijos corriendo -Agustín y Joaquín-, ¿qué notás que han heredado de vos?
LS: -Lo mismo que tenia cuando comencé, quieren correr así nomás. Lo cual no puedo permitir porque está en juego mi prestigio, porque nadie va a traerme un auto para preparar si no puedo hacer andar los de mis hijos; tampoco saben venderse comercialmente. En tanto que creo que conductivamente son dos buenos pilotos, pero heredaron lo peor mío. Son demasiados temperamentales y eso los va a llevar a sufrir mucho, porque no entienden que a veces la mecánica es muy ingrata. Es más, charlando con Joaquín le decía que en este ambiente va a tener galpones llenos de tristezas y frustraciones, mientras que las satisfacciones caben en una caja de fósforos.
El dato
Luís Federico”Chito” Schneider nació en San Carlos Sud el 24 de diciembre de 1961. Está casado con Isabel Romano y tienen tres hijos: Joaquín (21), Jorgelina (18) y Agustín (17 años).
En el automovilismo deportivo comenzó a correr en el Karting Sancarlino durante la temporada 1983. En el año 1984 salió subcampeón de la especialidad por detrás de Alberto Albrecht.
En los Fiat 600 TS debutó el 17 de agosto de 1986 en el circuito de tierra compactada de Gessler (SF). Logró quedarse con trece competencias finales en algo más de setenta y cinco carreras corridas.
Su primera victoria fue el 16 de mayo de 1993 en San Francisco (Córdoba), para luego imponerse en los siguientes circuitos: 5 de septiembre de 1993 en Esperanza, 10 de noviembre en Santa Fe.
En 1994 ganó el 27 de marzo en Rosario, 15 de mayo en Rafaela, 29 de mayo en Esperanza, 3 de julio en Rosario, 18 de septiembre en San Jorge, 30 de octubre en Rafaela y 27 de noviembre en Rosario.
En tanto que en 1995 ganó en todas las carreras corridas en San Jorge: el 26 de marzo, 28 de mayo y 3 de diciembre.
Consiguió el campeonato de 1994 con 201 puntos, tomándose revancha del año anterior en que había perdido la corona con Daniel Cipolat por una unidad. También se quedó con los subcampeonatos de 1993 y 1995.
En la actualidad se dedica a la preparación de motores de Fiat 600 para las principales categorías de Entre Ríos y Santa Fe.
La Paz, marzo 2008


