Un cultor de la amistadH&M 144
Juan Antonio Geminiani transciende ampliamente con su calidad y calidez humana
el rol de piloto y dirigente desde el mismo momento en que uno lo saluda y él retribuye con un cálido y sincero
”¡Como andás hermano!..”,
hasta su predisposición permanente y amena por el prójimo y sus circunstancias.
Por eso, esta nota de H&M puede parecer que se circunscribe a una reseña acotada del hombre & su paso por el automovilismo. Pero en el fondo, no muy profundo, usted se percatará que es sólo una excusa para resaltar y convivir con la faz humana del Yoyi. Quien hace suyo con los hechos aquel viejo estribillo compuesto por Roberto Carlos, porque Geminiani tiene un millón de amigos que afloran a cada momento de la charla...
Los comienzos con los autos de carrera y las carreras de autos son la excusa perfecta para iniciar la charla con Juan, en el salón del recuperado Auto Club de
Juan Antonio Geminiani: -La verdad es que el automovilismo me gustó desde siempre, pero por factores de índole económico no pude participar antes. Hasta que en el año 1993, por la incursión que hizo Castrillón en el TC 850 con el auto que le había comprado a Rubén Trenaghi, se revolucionó el ambiente al volver a tener a un piloto local. Esto motivó que retornara el automovilismo a
Después de adquirirlo pensaba que correr en auto era como andar por la calle, así que en el fin de semana siguiente fui a debutar en el TC 850 –en Concepción del Uruguay-. Cuando Nadalutti llegó al circuito para entregarme el auto, se percató de que yo no tenia ropa antiflama ni equipamiento adecuado, por lo que me prestó su buzo con la publicidad de Sola & Brusa.
H&M: -¿Cómo resultó la primera salida a pista con ese auto?
JAG: -Intenté seguirle el ritmo a Maximino para adaptarme al auto, pero a la mitad del circuito ya lo había perdido de vista a Quique. Entonces se sube Nadalutti, para demostrarme que el auto era bueno y que no me estaba vendiendo ningún perro. Pero claro, nos olvidamos de cambiar el número y Hugo clavó la pole con mi nombre en los laterales. Después se aclaró la situación y yo clasifiqué en el puesto catorce. En carrera hice todas las vueltas por arriba de la pista y terminé noveno.
En la segunda que corrí –Chajarí- logré hacer la pole position, pero en la final me asusté cuando iba ganando, porque me desconcentré al pensar que, en mi segunda carrera, estaba delante de los monstruos del TC 850. Me fui afuera de la pista y quede vigésimo octavo, para luego remontar al sexto lugar final. En la tercera, disputada en Viale, llegue segundo y luego el campeonato proseguía en el Club de Volantes Entrerrianos de Paraná.
Entonces, Hugo (Nadalutti) me llevó a probar durante todo un día previo en el autódromo. En ese ensayo y por intermedio de mi amigo Alberto “Turco” Galiano, aprendí a transitar por la olla. A la semana siguiente y gracias al dicho ensayo, pude conseguir mi primera victoria en el TC 850. Esa temporada disputé la mitad de las carreras y logré concluir con el número nueve del ranking.
H&M: -¿Cómo llegaste al campeonato de 1995?
JAG: -Fue un año fantástico en virtud de haber aprovechado toda la experiencia previa. Habíamos cambiado la preparación del motor por la del polaco Morier, no por disconformidad con Pfening sino que por una cuestión de comodidad y proximidad con
H&M: -Vos tenías una cábala muy particular antes de largar cada carrera del TC 850. ¿En qué consistía la misma?
JAG: -Antes de cada largada venia Betty (Colcerniani)... -me emociono al recordarla-, a sacarme una foto en la grilla y después me daba un beso. Te aseguro que toda vez que me tomaba la foto y me dejaba un beso ganaba la carrera o pegaba en el palo.
H&M: -En 1996 corriste apenas algunas carreras en el TC 850 ¿A qué se debió ésto?
JAG: -En realidad yo quería armar un TC Pista Entrerriano, pero como recién se estaba formando la categoría preferí hacer algunas carreras mostrando el número 1 en el TC 850. Hasta que una tarde de domingo, en el circuito de
H&M: -Después vino tu inserción en
JAG: -Dejé la actividad durante tres o cuatro meses, hasta que recibí el llamado de un querido amigo -Aldo Colcerniani- para que me integrara a
También Aldo fue el encargado de conseguirme un auto para probar en Paraná, donde me hallé desde el principio porque -era la máquina campeona- iba muy bien. En ésto nunca perdí el tiempo, gracias al consejo que me brindó un amigo cuando empecé, el cual me decía que nunca pierda el tiempo preparando autos sino que compre los mejores autos disponibles.
El VW Gol contaba con la atención en el chasis de Carlos Piaggentini y la motorización de Jorge Pfening, el cual me permitió ser protagonista de la punta y ganar varias carreras. Además en
H&M: -También fuiste parte del primer grupo de pilotos de
JAG: -Luego de esta etapa empezamos a presionar y a pedir a la gente de
H&M: -¿Cuando comenzaste a incursionar en el rol de dirigente del Auto Club de
JAG: -Hace aproximadamente un año, vinieron unos amigos del automovilismo a plantearme la posibilidad de crear una nueva comisión para el Auto Club
Enseguida se juntó a un grupo de gente, que puso una suma de dinero para empezar a mover las cosas. Porque ideas tenemos todos, pero sin plata no se las puede llevar a cabo. Hoy en día poseemos un circuito que es orgullo de todos los paceños, que en el 2008 va a recibir -además de las Categorías TZ - a
H&M: -¿Cuáles son los planes a futuro para el circuito de
JAG: -Tenemos en mente un proyecto un poco difícil pero no imposible. El mismo consiste en el asfaltado, con el apoyo oficial, del trazado de
H&M: -¿Considerás que la plaza de Entre Ríos puede dar para cuatro circuitos asfaltados?
JAG: -Creo que si, porque en lo que respecta a
Cuando corría lo hacia para ganar y con la misma filosofía encaré la presidencia del Auto Club, donde el triunfo va estar dado por llegar a tenerlo asfaltado.
H&M: -¿Cuál es el mejor recuerdo que te deja el automovilismo?
JAG: -El automovilismo me ha dejado dos cosas: amigos y trofeos. La cantidad enorme de amigos que he hecho gracias a la disciplina, gracias a que tengo la suerte de ser un tipo entrador. Trato de ser condescendiente con todos, más allá que en las pistas nos mostrábamos los dientes, pero cuando se bajaba la bandera cuadriculada éramos todos amigos. Además este es un deporte donde uno arriesga su físico y su vida, lo que lleva a compartir otras vivencias con la gente que te acompaña. En tanto que los trofeos tienen un valor muy grande que supera su costo monetario.
